sábado, 16 de enero de 2016

NOTICIAS LITERARIAS. "Regreso a la casa de Bernarda Alba"

Regreso a la casa de Bernarda Alba

El Ayuntamiento de Valderrubio compra y restaura la propiedad que inspiró el drama


Sobre las paredes de cal blanca, los azulejos originales y la techumbre con restos de azul quizás queden restos de la prisión interior teñida en luto de sus hijas. También de las condenas que Bernarda, trasunto en ficción de la real Frasquita Alba, lanzaba ante las ansias de venganza de gran parte del pueblo de Asquerosa, hoy Valderrubio (Granada), cuando una aterrorizada madre soltera era sometida a linchamiento por haber parido y matado a un hijo: "Que pague la que pisotea su decencia. ¡Matadla! ¡Matadla!".
Dentro de un tiempo, si el Ayuntamiento de Valderrubio consigue suficientes fondos —un total de 500.000 euros— para su proyecto, quizás podamos al atravesar la puerta, rememorar o imaginar el ambiente de opresión que llevó a Federico García Lorca a escribir La casa de Bernarda Alba con base rotundamente real. Restos de una frígida moral que se ahogaba y se pudría en suspiros de libertad abortados o se transfiguraba en rencor de mieles caducas.


Francisca Blanco, alcaldesa de Valderrubio, en la casa donde se desarrolló el drama que inspiró a García Lorca. / M. ZARZA
Fue el drama que más caro le costó. La inspiración no le vino del cielo, sino de la tierra y del pozo medianero que compartían en el pueblo, pared con pared, sus tías y la familia de Frasquita Alba. Así se lo confesó el poeta al entonces embajador chileno, Enrique Morla Lynch, que tuvo el privilegio de escuchársela entera, de viva voz, cuando Federico se paseaba con el manuscrito por todo Madrid en 1936: "Hay, no muy distante de Granada, una aldehuela en la que mis padres eran dueños de una propiedad pequeña. En la casa vecina y colindante a la nuestra vivía una viuda de muchos años que ejercía una inexorable y tiránica vigilancia sobre sus hijas solteras. Prisioneras privadas de todo albedrío, jamás hablé con ellas, pero las veía pasar como sombras, siempre silenciosas y siempre vestidas de negro. Ahora bien, había en el confín del patio un pozo medianero, sin agua, y a él descendía para espiar a esa familia extraña cuyas actitudes enigmáticas me intrigaban. Y pude observarla. Era un infierno mudo y frió en ese sol africano, sepultura de gente viva bajo una férula inflexible de cancerbero oscuro. Y así nació La casa de Bernarda Alba, en que las secuestradas son andaluzas, pero como tú dices, tienen quizás un colorido de tierras ocres mas de acuerdo con las mujeres de Castilla".
Los Alba, los Roldán y los García eran las familias pudientes de la Vega granadina. Que un descendiente de aquel triunvirato terrateniente pusiera en solfa las vergüenzas de los demás no sentó bien. Les unían conflictos de negocios y lindes, pero también parentescos. De Federico, además, les separaban unas fuertes convicciones tradicionalistas frente al lejano cosmopolitismo y los rumores de homosexualidad que acompañaban al poeta. Así que para las familias contrincantes, el conocimiento de que había escrito un drama tan directamente inspirado en sus vidas, les hizo levantar el hacha de guerra. Hasta el punto de alentar su asesinato.


'La casa de Bernarda Alba', de Calixto Bieito (1998).
Hoy, aquellas rencillas sangrientas se han ido curando en Valderrubio. Paqui Blanco, la alcaldesa (PSOE), se ha empeñado en cerrar una herida aún supurante. "La casa de Bernarda Alba se estrenó en este pueblo en 1996. Era un tabú", asegura. Tras ocho años de conversaciones con la familia descendiente de los Alba, les ha convencido finalmente para que vendan la propiedad y convertirla en un centro cultural. El Consorcio de la Vega y de Sierra Elvira, que une a 28 ayuntamientos, se ha hecho con ella y planea un proyecto cultural que, liderado por la actual alcaldesa, "debe servir como ejemplo de reconciliación".
Hasta la fecha han gastado 170.000 euros en la adquisición y 49.000 en la reforma del medio millón que podría llegar a costar la iniciativa. Las obras se encuentran en pleno apogeo, pero una rápida visita dentro de sus muros todavía cerrados muestra los restos de la materia real en la que se inspiró Federico: el pozo medianero, el patio interior, tres habitaciones contiguas, las puertas, los suelos originales, los atrojes donde se almacenaba el grano…
Valderrubio es hoy un pueblo llano, con calles largas, trazado en líneas anchas, donde el rumor de un niño alegre como era Lorca, se estampa todavía en sus aceras y acequias con una memoria de habitantes que, de tan reales habitan transmutados en leyenda y con toda su fuerza en los territorios de la ficción.

Pepe el Romano existió

Los lugareños recuerdan los visos auténticos de Frasquita Alba, certifican que Pepe el Romano, ese pretendiente que no aparece pero desata la tragedia, existió. El deseo… Que aquella mujer, en realidad, se quedó viuda, pero que rompiendo varios esquemas, se volvió a casar. Que no era tan mala como la pintan, pero sí rígida y austera. Y que una de sus hijas, Angustias, efectivamente, se casó con Pepe el Romano. Que también murió, pero no matándose, como Adelita, sino a causa de un mal parto.
El humo de la realidad es la materia que los creadores ingieren del aire para convertirla en ficción. Muchas veces, pocos comprenden ese juego y lo hacen pagar. Algo así le ocurrió a Lorca con sus vecinos.

La obra que García Lorca nunca vio

La casa de Bernarda Alba fue el último drama escrito por Federico García Lorca. Nunca lo vio representado. Pero él jamás se cansó de darle vida. El músico Alfredo Salazar también fue testigo de sus lecturas: "Federico leía su obra a todos sus amigos dos o tres veces cada día. Cada uno de los que llegaban y le rogaban que le leyese el nuevo drama lo escuchaba de sus labios en acentos que no hubiese superado el mejor trágico".
Estaba concebida para Margarita Xirgu. Fue ella, con su compañía quien la estrenó en Buenos Aires en 1945. A España, pese a sus tremendas embestidas contra toda una idiosincrasia amedrentada por el encierro, llegó más bien pronto. Fue estrenada con un éxito inmediato en Madrid en 1950, con Amparo Reyes como protagonista, seguida en 1964 de otra versión dirigida por Juan Antonio Bardem, en la que Cándida Losada encarnaba a Bernarda.
Hoy es un clásico indiscutible y todavía impactante, todo un fresco de lo que en algún momento demasiado largo ha sido el país en que nació, con claros restos que martillean la memoria colectiva. Su obsesión por reflejar la tragedia y el lenguaje rural con un tratamiento poético, la convierte en insólita.
Ese fue el aliento que le llevó a marcar época. Algo que desesperadamente, el propio Lorca explicaba así el mismo año, 1936, que la había terminado: "Tengo un concepto del teatro en cierta forma personal y resistente. El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y, al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus traiciones, que se precien sus olores y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos".

NOTICIAS LITERARIAS. Sobre la casa de "La casa de Bernarda Alba"

¿Alguien tiene 300.000 euros para salvar la casa de Bernarda Alba?

ANDALUCESDIARIO.ES / 26 Dic 2015
La casa de Bernarda Alba, en Valderrubio.La casa de Bernarda Alba, en Valderrubio.
Necesitan 300.000 euros pero no los tiene. El Ayuntamiento granadino de Valderrubio, de apenas 2.000 habitantes, está buscando financiación pública para continuar con las obras de reforma de la casa de Frasquita Alba, que inspiró a Federico García Lorca para escribir, durante su estancia veraniega en la localidad, ‘La casa de Bernarda Alba’, un espacio que se prevé abrir como museo en un futuro.
No es nada probable, por cierto, que al personaje que inspiró a Bernarda le hubiera gustado ver que alguien ajeno a la familia ponía las manos en su casa. Una anécdota relatada por el periodista Antonio Ramos Espejo, autor de ‘Lorca en los dramas del pueblo’ y guionista de varios documentales sobre el poeta granadino, refleja mejor que cualquier tratado antropológico cómo era Frasquita Alba: “Si ésa viviera no tendríais cojones”, les decía un vecino de Valderrubio a los periodistas que rodaban la serie de Canal Sur ‘Buscando a Lorca', a finales de los 90,mientras rebuscaban localizaciones para su trabajo y merodeaban por la casa, hoy casi en ruinas.
Según ha explicado a Europa Press la alcaldesa de la localidad, Francisca Blanco (PSOE), ya ha concluido la rehabilitación del tejado del inmueble, y los trabajos continuarán ahora en el patio de la vivienda, para lo que se habrán empleado un total de 150.000 euros, de de los que el Consorcio Vega Sierra Elvira ha aportado un total de 47.000 euros y el Ayuntamiento, el resto.
La vivienda, una de las primeras que se construyó en el pueblo y con más de 100 años, tendrá que ser objeto de una rehabilitación “integral”, puesto que ha permanecido mucho tiempo cerrada y tiene algunas humedades y defectos que subsanar. Por eso, el Ayuntamiento está intentando recabar fondos para continuar con el proyecto, para lo que necesita alrededor de otros 300.000 euros.
Según Blanco, el municipio ya está en conversaciones con algunas instituciones públicas e intentará recabar apoyos tanto de Diputación, como Junta de Andalucía o la Unión Europea. “Lo abriremos como museo porque sería un complemento turístico extraordinario”, ha mantenido.
De hecho, el inmueble supondrá un “nuevo revulsivo turístico”, que se unirá a la casa de la propia familia Lorca en la localidad y que se abrirá como museo, para lo que ya está planificándose un proyecto, que se enfocará hacia la relación de Lorca con la zona y las influencias del entorno en su obra.
El Consorcio Vega Sierra Elvira aprobó la compra de la casa el 25 de julio de 2013, con el voto favorable de todos los grupos políticos, pero fue a mediados de octubre cuando los ocho herederos propietarios de la vivienda entonces firmaron ante notario el documento oficial, un acto que culminaba una década de negociaciones.

COMPRADA POR 177.000 EUROS
La compra se cerró en 177.000 euros, de los que unos 50.000 se destinarían a la reforma del inmueble, que en la pasada temporada de lluvias sufrió el desplome parcial de su tejado.
La propuesta se materializó hace años tras un convenio con la familia que apoyó en su día por unanimidad tanto el PSOE, como IU y PP, si bien ésta se fue retrasando tras el fallecimiento de dos de los herederos y por un problema de servidumbre que después fue solventado.
Finalmente, en la asamblea que el 25 de julio de 2013 celebró el Consorcio, los tres grupos aprobaron la operación, que se dio por concluida con la formalización de las escrituras, y en octubre del pasado año, el Consorcio dio la concesión a Valderrubio para que pudiera abrir las puertas de esta casa como museo.
Las instalaciones difundirán, con la obra lorquiana como eje e hilo conductor, las costumbres del mundo rural en Valderrubio, e incluirá apuntes históricos de la zona.

LA INSPIRACIÓN DE UN POETA
Valderrubio, que tomó su nombre en alusión al tabaco rubio que se cultiva en abundancia en la zona, es muy conocido como el lugar en el que Federico García Lorca basó la mayoría de sus obras, ya que su familia se trasladó de Fuente Vaqueros a la localidad cuando él tenía cinco años, y en ella pasaron muchas de sus vacaciones de verano.
En Valderrubio –antes Asquerosa–, además de la casa de Frasquita Alba, se encuentra la Fuente de la Carrura, donde dicen que Federico oyó a unas mujeres mientras lavaban hablar de los problemas de fertilidad de otra, lo que le inspiró para escribir ‘Yerma’, y algunos de sus personajes se basan en escenarios y gentes de los alrededores.
Entre esos lugares lorquianos, se encuentra, por ejemplo, el Cortijo de Daimuz, a dos kilómetros del pueblo, en dirección Láchar, comprado por el padre del poeta en 1895 y rodeado de bosques de choperas. Al margen del río Cubillas se encuentra la Fuente de la Teja, una arboleda frecuentada en ocasiones por el joven escritor, y también el camino de los vascos, que conduce a la vega baja de Daimuz, y que pasa por el sotillo, lugar mencionado en ‘Bodas de Sangre’.

NOTICIAS LITERARIAS. "La intensa vida de Sándor Márai"

  • Ernö Zeltner
El escritor húngaro fue un autor de éxito. Aunque en España sus obras sólo se han conocido desde la reciente publicación de El último encuentro, Márai fue un intelectual burgués y humanista que abandonó su país en 1948, huyendo del comunismo, para instalarse en Estados Unidos donde se suicidó. Esta biografía repasa su rica trayectoria.
El escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989) goza en la actualidad de gran éxito en España. Sus novelas El último encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, El amante de Bolzano y La mujer justa, así como su autobiografía Confesiones de un burgués (todas en Salamandra), cautivan a un publico variado en virtud de algo que las caracteriza: la magia que sólo tiene la "gran literatura". De estructuras similares -extensas conversaciones y largos monólogos-, densas y cuajadas de pensamientos brillantes; teatrales, "psicológicas", de escasa acción y peripecia, y hasta de tono melodramático y sentimental, las novelas de Márai son, con todo ello, absorbentes y difíciles de soltar una vez que nos sumergimos en sus páginas y nos dejamos atrapar por sus meandros. Las palabras de sus personajes cautivan y seducen; tal como debieron de seducir las de su creador -así se atestigua- cuando hablaba en sociedad, pues solían ser pausadas y bien meditadas, incisivas, lúcidas e insoslayables. Aun así, voces críticas muy solventes opinan que en la mayor parte de estas celebradas novelas de Márai todo queda finalmente en fuego de artificio desvanecido en humo; no les falta razón, pero lo cierto es que el espectáculo es hermoso y nunca banal. Por otra parte, siempre permanece el aura y el recuerdo de ese ambiente que recrean, aquel mundo europeo de los años de entreguerras, mezcla de cosmopolitismo y grandiosa decadencia burguesa que, como en los relatos de Stefan Zweig, pertenece a una época que hoy nos parece elegante y romántica, un paraíso con cierto olor a podrido ya perdido para siempre.

SÁNDOR MÁRAI

Ernö Zeltner
Traducción de Elisa Renau
Universitat de València / Universidad de Granada Valencia, 2005
212 páginas. 28 euros

Así que debido a la popularidad de Márai en nuestro país, resulta muy oportuna la publicación de esta breve biografía ilustrada, elaborada por un reconocido especialista húngaro, editada con gusto y bien traducida. El autor se propone retratar a Márai como ser humano y repasar los diversos episodios y épocas de su vida, siempre oscilante entre la dedicación al arte y las imposiciones del destino, determinado por los avatares políticos de la convulsa Europa del siglo XX. Pero si el lector obtiene una idea ciertamente clara de cómo fue el hombre Márai, echará de menos saber, aunque sea de manera somera, algo más sobre su obra, los motivos concretos de la escritura de tal o cual novela o, al menos, una breve reseña y una cronología de todas ellas.

En cuanto al retrato humano, Márai no fue un escritor aureolado por el "malditismo" ni tampoco un marginado social desconocido o un mártir político; al contrario, fue en general un señor cabal y mesurado, consciente de su ascendencia burguesa y dedicado en cuerpo y alma a la tarea que le gustaba y que sabía desempeñar a la perfección: la literaria. En ella volcaba su habilidad y su mucha sabiduría, nacida de la atenta observación de los sentimientos y las relaciones humanas. Desde muy joven -siempre fue mal estudiante por demasiado curioso y avispado- lo sedujeron la lectura y el periodismo. Su padre, un gran abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), le permitió salir al extranjero en cuanto tuvo edad de estudiar. Hasta los 23 años, cuando se casó con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, "Lola", a la que amó intensamente y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después, Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas (su lengua materna era el húngaro, pero dominó desde pequeño el alemán), Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría. Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio, entre escritores y cafés de artistas, ganándose el sustento con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. Unos años en París, durante la dictadura de Horthy, lo hicieron popular en Hungría gracias a las crónicas que enviaba desde el extranjero. En los años treinta se estableció en Budapest y, obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de fama extraordinaria, casi comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cada nueva obra suya era un éxito de ventas, se traducía a todos los idiomas cultos (incluso al castellano hubo traducciones tempranas que hoy son desconocidas). Márai disfrutaba de una vida acomodada, conducía un automóvil y vivía en una amplia y hermosa casa.

Cuando los nazis accedieron al poder en Alemania, el escritor húngaro fue uno de los primeros en oponerse abiertamente a Hitler con contundentes artículos. Enseguida vio lo que se le venía encima a Europa, por un lado, con Hitler y, por otro, con Stalin. Sin embargo, a él la crueldad de la guerra no le tocaría de lleno hasta 1945. Después de la invasión alemana de Hungría, frente a tantas atrocidades perpetradas por los invasores secundados por fascistas húngaros, Márai escribió en su diario: "De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores". Estos "libertadores" no se metieron con él de momento, dada su fama. Pero con la ocupación soviética de Hungría y con el establecimiento del régimen comunista, la estrella de Márai comenzó a declinar. Tachado pronto de escritor "decadente y burgués", aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, jamás pudo plegarse a la uniformización colectivizada que aceptaban la mayoría de sus colegas, y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para instalarse en Italia.

El desmoronamiento político y moral de su patria bajo el yugo comunista y la vida errante que llevó junto a su esposa durante las últimas décadas de su vida -terminaron instalándose en Norteamérica, en Nueva York y, finalmente, en San Diego- contribuyeron al aislamiento de Márai. Continuó escribiendo diarios y alguna otra novela, y gracias a sus colaboraciones radiofónicas con la emisora Radio Europa Libre su voz llegaba a menudo al otro lado del "telón de acero", pero la vejez y la pérdida paulatina de sus seres queridos minaron su espíritu hasta agotarlo por completo. Cambió el régimen en su país y Márai volvió a ser reconocido, recibiendo ofertas para regresar a la patria, pero ya era tarde. Se disparó un tiro en la cabeza en cuanto supo que ya sólo podría seguir viviendo ingresado en un hospital y dependiente del cuidado de otras personas. Poco después de su muerte caía en 1989 el muro de Berlín.

miércoles, 13 de enero de 2016

DRÁCULA. "El príncipe de las tinieblas". Gustavo Martín Garzo

El príncipe de las tinieblas

"Drácula", la novela de Bram Stoker, nos enseña que no somos dueños de nuestros deseos, por eso nos perturban. Pero es también, entre muchas otras cosas, una novela sobre la escritura de un libro

Se ha cumplido este año, en el mes de abril, el centenario de la muerte del escritor irlandés Bram Stoker, autor de Drácula (1897), de la que Oscar Wilde dijo que era la novela más bella escrita jamás. Es extraño un calificativo así referido a un libro que habla de la desgracia de existir, de un mundo presidido por la abyección y el mal. La novela comienza con el diario de Jonathan Harker, un agente inmobiliario que viaja a la remota región de los Cárpatos para formalizar la venta de una casa en Londres, y que no tarda en descubrir que es prisionero del extraño y monstruoso ser que le acoge en su castillo.
En uno de los pasajes de este diario, Jonathan Harker nos narra su encuentro con tres lujuriosas mujeres que irrumpen en su habitación aprovechando la ausencia del conde, su amo y señor. Son tres vampiras y, aunque Harker se da cuenta enseguida de que algo maléfico las impulsa, no puede evitar caer bajo su hechizo. “Mi corazón, escribe, se inflamó con un deseo malvado y ardiente de que me besaran con aquellos labios rojos”. Representan, como la Lilith bíblica, el lado oscuro y perverso del ser femenino, la amenaza de una sexualidad libre, sin las ataduras de la religión o las convenciones sociales. Primo Levi, en su relato Lilith, describe así a la primera compañera de Adán: “A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de ver adónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio”. Ese semen desperdiciado, el que tiene que ver con los sueños y los deseos inconfesables, es el símbolo de esa sexualidad oscura y siempre ávida de nuevas víctimas que representa el vampiro.
Drácula, escrita en plena época victoriana, habla con un atrevimiento insólito en su época del deseo sexual. Ese deseo no sólo aparece en los merodeos nocturnos del conde sino en el consentimiento de sus víctimas. Una de las leyes que rigen el mundo de los vampiros es que estos sólo pueden entrar en una casa si alguien los llama desde su interior, lo que explica la frase con que el conde recibe a Jonathan Harker, al comienzo de la novela, en la puerta de su castillo: “Entre libremente”. Es decir, porque así lo desea. Es Jonathan Harker el que desea besar los labios rojos de la vampira, y serán, más tarde, Lucy y Mina, la prometida de Jonathan, las que llamen al conde para ofrecerse a él. Las escenas de esa entrega son de una intensidad sexual que todavía hoy, en que la sexualidad ha dejado de ser un tabú, nos hacen estremecernos, y no es difícil imaginar lo que supuso en su tiempo leer unos pasajes como estos.
Drácula, la novela de Bram Stoker, nos enseña que no somos dueños de nuestros deseos, por eso nos perturban. No es cierto que nuestro cuerpo nos pertenezca, siempre pertenece a otro: a aquel o aquella que lo hace despertar. Mina y Lucy rechazan todo lo que el conde representa —la oscuridad, el daño, el dominio—, y sin embargo una y otra vez le llaman a su lado pues inconscientemente ansían ese semen que se pierde en las noches, que no llega a la matriz de la esposa, y que representa la sexualidad libre que no dejan de anhelar. Pero mientras que Lucy termina devorada por esa sexualidad y por transformarse ella misma en una vampira; Mina logra sustraerse a su influjo gracias a la fuerza del amor. La historia de estas dos muchachas es sin duda el corazón de este libro extraordinario.
La amenaza del vampiro está inscrita en la misma naturaleza de sus víctimas
Pero Drácula es también, entre muchas otras cosas, una novela sobre la escritura de un libro. Un libro que lector ve crecer ante sus ojos, como esa obra que separa la razón de la locura, el mundo de los hombres del de la animalidad y el mal. Todos los que se acercan a Drácula comparten misteriosamente esta necesidad de escribir, de contar lo que les sucede cuando se acercan a él, y así, tras el diario de la visita al castillo del conde de Jonathan Harker, nos encontraremos con el diario de Mina y con las cartas que ésta intercambia con su amiga Lucy. A estos documentos no tardan en sumarse las notas de los doctores Seward y del doctor Van Helsing. Todos ellos padecen, como Hamlet, la misma compulsión a anotar lo que ven, sin perder ni un solo momento, como si supieran que lo que está en peligro no es sólo sus propias vidas sino la posibilidad misma de lo humano.
Drácula representa lo que Nietzsche llamó la “gran razón del cuerpo”, que es justo lo que niegan los sensatos diarios que leemos, como si eso tan humano de lo que no dejan de hablar, con su sometimiento a todos los convencionalismo de la época, terminara por resultar insignificante. Sólo el conde Drácula habla de lo que somos, sólo en él se esconde nuestra verdad.
Las victorias de Drácula, como las del demonio cristiano, proceden de una comprensión profunda de la naturaleza de sus víctimas. El hecho de que Lucy se transforme en vampira, y que la misma Mina esté a punto de hacerlo, significa que esas damas sangrientas que tanto temen viven agazapadas en su interior. Drácula no hace sino liberarlas, pues nadie puede transformarse en algo que no es. La amenaza del vampiro está inscrita en la misma naturaleza de sus víctimas. Habla en suma de todo lo que estas son y se niegan a reconocer.
Todo esto aparece expresado con perturbadora y bella crueldad en la escena de la vampirización de Mina. Drácula se acerca a la joven y, tomándola en sus brazos, le dice que a partir de ahora será de su raza, será carne de su carne, sangre de su sangre, su compañera y su ayudante. Luego posa una mano sobre su hombro para sujetarla y, tras desnudar su cuello con la otra, se inclina sobre ella para beber su sangre. Y, al día siguiente, Mina anota en su diario, recordando la escena: “Yo estaba desconcertada y, por extraño que parezca, no deseaba entorpecerle”. A pesar de todo el horror que le produce el conde, lo que Mina nos dice es que deseaba entregarse a él.
El deseo le pide al amor que prolongue sus goces, y el amor le pide al deseo que no lo deje sin locura
Pero no sólo es Mina la que cae bajo el influjo de Drácula, sino que también este se siente turbado, al menos unos instantes, por la irrupción de un sentimiento nuevo, incompatible con su naturaleza demoníaca: la intuición del amor humano. Así es, en efecto, como el doctor Seward describe el comportamiento de Drácula en la misma escena: “A pesar de las circunstancias, me resultó curioso observar que, en tanto que el rostro (del conde), blanco de color, se agitaba convulso sobre la cabeza inclinada de la mujer, las manos acariciaban tierna y amorosamente su cabello revuelto”.
Drácula representa el mundo del deseo sin límites, sin moral, sin posibilidad de aplazamiento o renuncia; Mina, el mundo paciente e inquieto del amor humano, tan cercano a esa escritura que trata de liberarse de la tiranía de las convenciones sociales y atender las razones del cuerpo. Y lo perturbador de esta novela es que nos dice que esos mundos no pueden dejar de estar juntos. El deseo le pide al amor que prolongue sus goces, y el amor le pide al deseo que no lo deje sin locura. Ambos buscan lo que no puede ser: las nupcias entre la vida y la muerte.
Gustavo Martín Garzo es escritor.

martes, 12 de enero de 2016

NOTICIAS LITERARIAS. Entrevista al escritor Andrea Camilleri

“Mi herencia es la incertidumbre”

A sus 90 años, Andrea Camilleri conserva intactos sus ideales de izquierdas y muestra un escepticismo radical hacia la política

FOTO: KICCA TOMMASI / VÍDEO: JAIME LÓPEZ


Hace 10 años, cuando cumplió 80, el escritor italiano Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) pensó que tal vez la muerte o las brumas del alzhéimer ya no estaban tan lejos y escribió de un tirón la última entrega de la serie sobre el comisario de policía Salvo Montalbano. Se la envió a su editor con la orden de que la metiera en un cajón hasta que los cansancios de la vejez, la muerte o la desmemoria pusieran fin a una carrera literaria tan tardía —empezó a escribir a los 53 años— como prolífica y exitosa. Afortunadamente, Andrea Camilleri sigue imaginando historias, conversando con su lucidez de siempre y fumando como un carretero. Su único freno es un glaucoma: “Estoy al borde del abismo de la ceguera, ya, en vez de escribir, dicto”. Dentro de unos días se publica en España su libro Donne (Mujeres).
PREGUNTA. ¿Y no le ha causado problemas escribir sobre las mujeres de su vida?
RESPUESTA. ¿Usted lo dice por las reac­ciones familiares?
P. Sí, claro.
R. No, ja, ja, ja. De todo ha pasado ya más de 30 años. ¡Todo ha caído en prescripción!
P. Me ha llamado la atención que la novia de Montalbano se llame Ingrid por una aventura suya en Suecia…
R. Ja, ja, ja. Se lo puse en recuerdo de aquel día, que por mi culpa bajó la tasa de virilidad de los latinos, ja, ja, ja. Sí, fue así. Al final de un curso que impartí en Copenhague sobre Pirandello, me dejé tentar por aquella belleza sueca que me llevó a su casa, me presentó a su padre, a su madre, que por cierto era más joven que yo, y luego me llevó a su habitación. Le aseguro que empecé a sentirme mal y la empresa resultó imposible, ja, ja, ja. Fue triste, divertido, incluso cómico. Pero cuando tuve que ponerle un nombre a la amiga extranjera del comisario Montalbano, elegí el nombre de Ingrid en homenaje a la libertad de aquella joven sueca.

La dignidad del hombre es el trabajo. Cuando despiden con tanta facilidad a uno de 50 o 55 años lo insultan, lo humillan"
P. ¿Cuál ha sido la mujer más importante de su vida?
R. Se lo digo sin ninguna retórica. La mujer más importante de mi vida ha sido mi esposa. Porque, en el mundo en el que vivimos, alcanzar como hemos alcanzando el pasado mes de abril 58 años de matrimonio alguna cosa debe significar. Digamos que el 80% de todo esto es debido a la parte femenina, a la que empieza con el amor y se convierte en paciencia infinita, atención, cuidado, complicidad… Y después tenga usted presente que, cuando empecé a escribir y todavía ahora, era ella la primera lectora de lo que escribo, y que su juicio para mí es importantísimo. Si ella encontraba que cualquier página no estaba escrita bien, yo la reescribía. Ella ha sido siempre lúcida y casi despiadada. Temía más su opinión que la de los críticos. Si esta no ha sido la mujer más importante de mi vida, no veo cuál puede ser.
P. Acaba de cumplir 90 años. Cuando mira para atrás, ¿cuál es su mayor satisfacción?
R. La satisfacción mayor es la vida misma. Pero no deja de sorprenderme el hecho de haber sido capaz de tener una familia, hijos, nietos, bisnietos… Yo pensaba que no iba a tener la capacidad de comprender una familia, de hacerla, de afrontar las dificultades. Y, por esto, mi mayor éxito es el hecho de haber logrado vivir como todos los demás y de vivir sentimentalmente, emotivamente, bien. Esto lo considero una gran satisfacción. Otra es haber conseguido ganarme el pan haciendo siempre trabajos que me gustaban. Porque pienso que una de las cosas más tristes sea aquella de ganarse la vida haciendo aquello que no te apetece. En cambio, yo me despertaba por la mañana e iba a trabajar con la alegría de hacer aquello que debía hacer.
P. Ahora son muchísimas las personas que o no tienen trabajo o se ven abocadas a un trabajo precario que además no les satisface…
R. Yo veo que cada día preocupa menos la dignidad del trabajo. Y esto lo encuentro gravísimo. Porque la dignidad del hombre es el trabajo. Su trabajo. Cuando despiden con tanta facilidad a un hombre de 50 o 55 años lo insultan, lo humillan. Dejar sin trabajo a un hombre es infligirle una humillación. Tanto es verdad que los pequeñísimos industriales del norte de Italia, aquellos que venían de la clase obrera y que han conseguido una pequeña empresa, se han suicidado cuando sus compañías entraban en crisis. Ellos sabían perfectamente la humillación que significaría despedir a los trabajadores porque ellos mismos lo habían sido. Esto es gravísimo, pero nadie medita sobre eso…


Andrea Camilleri, en su casa de Roma. /KICCA TOMMASI
P. ¿Es por eso por lo que usted sigue siendo fiel a sus ideas comunistas?
R. Mis ideas políticas ya no son realizables. Porque han fracasado en todos sitios, como es evidente. Pero yo continúo siendo fiel a aquel ideal que es el de dar a todos la misma base de partida. Digo, madre mía, he vivido tanto, he luchado políticamente, y estoy dejando en herencia a mis nietos y a mis bisnietos la incertidumbre absoluta sobre su futuro. Yo me despertaba mejor. Yo por la mañana me levantaba sabiendo que tenía un trabajo, que además, como le decía antes, me gustaba, y la jornada ya tenía un color particular. Pero si te despiertas y sabes que no tienes trabajo y que es dificilísimo encontrarlo, tan complicado casi como ganar a la lotería, entonces la perspectiva de tristeza es terrible. Son ya bravos estos jóvenes por no cometer actos de desesperación. Se ve que la vida es más fuerte que toda esta situación desgraciada.
P. Una desesperación que va más allá de un sector de la población —los jóvenes sin futuro, los parados mayores— y afecta a países enteros de Europa. Fíjese Grecia…
R. Lo que le han hecho a Grecia yo lo considero un matricidio, es matar a la propia madre. Toda nuestra cultura nace de allí. Pido al menos un poco de respeto. Aunque ellos también hayan cometido errores enormes, siempre hay que ser un poco indulgente con la propia madre. ¿O no? Y todo viene del nuevo concepto de Europa, que casi se limita a una cuestión económica. Los grandes europeístas que hemos conocido, incluso Adenauer, tenían otro concepto de Europa. Hace falta repasar cuáles eran aquellos ideales comunes. No tan solo el de poner junto el dinero. Porque razonar en exclusiva sobre la economía te lleva, como ha sucedido, al matricidio.
P. Le veo muy desengañado con la política europea. ¿También con la italiana?
R. La sigo cada vez menos. Lo que veo no me gusta. Me parece incluso feo decir que son hombres políticos. Porque ya no lo son. A mí me enseñaron que la política es el arte del compromiso. Muy bien. Yo ahora veo el compromiso sin arte, que es otra cosa. Para mí es inconcebible que el secretario de un partido que es también el jefe del Gobierno [Matteo Renzi] firme un pacto con un personaje que ha sido presidente del Consejo de Ministros y que ni siquiera es senador porque lo expulsaron tras ser condenado por estafa al fisco [Silvio Berlusconi]. Que Renzi haya firmado un acuerdo sobre la revisión constitucional de Italia con este hombre es degradante. Yo, en estas condiciones, no voto. Yo siempre he votado a la izquierda, pero en estas circunstancias ya no puedo votar y seguir en paz con mi conciencia.

Lo que le han hecho a Grecia lo considero un matricidio, es matar a la propia madre. Nuestra cultura nace de allí"
P. ¿Dónde está la izquierda?
R. Eso, ¿dónde está? Si en Italia se consiguieran unir los jirones de una verdadera izquierda, sería importantísimo, fundamental. Porque si la izquierda se retira como un tsunami y deja un vacío grande, puede ser cubierto peligrosamente fuera del arco constitucional, y entonces empiezan los grandes riesgos sociales. Antiguamente, los extremismos se definían como las enfermedades infantiles del comunismo, pero desgraciadamente no son enfermedades infantiles. Cuando estallan lo hacen de una manera muy peligrosa. ¿Se escandaliza si fumo?
A sus 90 años recién estrenados, Andrea Camilleri sigue fiel al vicio del tabaco, solo que ahora se ve obligado a buscar a tientas la cajetilla y el encendedor que una de sus hijas le ha dejado en la mesa de la biblioteca. La última vez que nos vimos, hace ahora año y medio, aún podía leer algo y escribir tres horas al día gracias a las letras grandes del ordenador. Ya no puede.
P. ¿Cómo se las apaña?
R. No tengo más remedio que dictar y, claro, no es lo mismo. Cuando escribes, de la frase que acabas de escribir nace otra. Cuando dictas, aquello que apenas has dicho se pierde en el aire.
P. ¿Y se enfada con esta situación?
R. No, enfadarme no. Me dificulta las cosas. Ya no tengo ritmo de escritura y le tengo que pedir a la pobre Valentina [su asistente] que me lea cuatro veces aquello que he dictado. Pero tengo 90 años, no es que… Me puedo dar por contento.
P. Decía Tolstói que la mayor sorpresa en la vida de un hombre es la vejez. ¿También lo fue para usted?
R. No, la vejez no me sorprendió. De hecho, no tuve ninguna crisis que mis amigos sí tuvieron, por ejemplo, al inicio de la falta de la virilidad, o cuando los escalones se iban convirtiendo en más altos. Yo siempre me lo esperé. Sí experimenté la sorpresa, esta sí, de descubrir que en mi tarjeta estaba escrito que tendría una vida muy larga. Porque de joven estaba siempre enfermo, de cualquier cosa, y me había convencido de que jamás iba a llegar al año 2000…

La vejez no me sorprendió. No tuve ninguna crisis que mis amigos sí tuvieron, por ejemplo, al inicio de la falta de la virilidad"
P. Déjeme que le pregunte finalmente por una circunstancia curiosa de su trayectoria. Usted no ha escrito sobre la Mafia, pero, si no me equivoco, cuando era muy joven se entrevistó con el mafioso Nicola Gentile y escribió su historia… ¿Por qué aquella vez sí y desde entonces nunca más?
R. Sí, es auténtica la historia de mi encuentro con Nicola Gentile. Su discurso era el de los viejos mafiosos. No es que la vieja Mafia fuese menos sanguinaria que la de Totò Riina, pero tenía sus normas. Reglas terroríficas, pero reglas que observaban. Es un discurso interesante. Gentile decía: si yo le disparo es porque usted no me ha obedecido, y por tanto usted muere, pero la derrota es mía, porque no he logrado convencerlo. Para la vieja Mafia, el asesinato era la consecuencia de un rechazo. La nueva, en cambio, disparaba para lograr que ninguno la rechazara. Se trataba casi del disparo preventivo. Pero no es por eso por lo que yo no volví a escribir de la Mafia.
P. ¿Por qué entonces?
R. Porque tuve la oportunidad de cono­cer a dos o tres mafiosos y tenían la fascinación de la simpatía. No eran ni mucho menos personas siniestras. Había que estar atento para no sentir simpatía.
P. O sea, que tenía miedo a…
R. Sí, tenía miedo de hacer aparecer a los mafiosos como héroes simpáticos. Si usted mira El Padrino y ve la gigantesca interpretación de Marlon Brando, usted se olvida de que es un asesino. Lo olvida. Aquel es un asesino que ordena homici­dios, pero se le mira con fascinación. Ese es el riesgo. Yo temía caer en el mismo error involuntario en el que cayó Leonardo Sciascia cuando escribió Il giorno della civetta y retrató al personaje simpático de don Mariano. Yo no quería eso.

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS. "Siete apuntes sobre literatura y compromiso" (3). Marta Sanz


   En la revista "Mercurio" del mes de noviembre aparecen estos "Siete apuntes sobre literatura y compromiso", de la escritora Marta Sanz. Los vamos a distribuir en siete entradas, para dar pie a posibles reflexiones. Al final, podrá leerse el artículo completo.

3. En la galaxia neoliberal, la cultura es fetiche de consumo. Espectáculo. Compramos cosas bonitas que no dañen la vista y no desentonen con la decoración de nuestro loft. Cuadros de caballos azules. Cosas de moda que nos dan acceso al club selecto de los iniciados. El compromiso en la escritura pasa por escribir feo de lo feo. Por la esperanza de que la cultura nos abra los ojos. Podemos hacernos mucho daño con lo que vemos. A veces los colores no combinan.

domingo, 10 de enero de 2016

"Drácula": temas (y 10)


La devoradora

     En tercer lugar, en lo que Belford llama “la primera escena final”, Drácula es sorprendido cuando fuerza a Mina a que succione su pecho sangrante como “un niño sostiene la nariz de un gatito sobre un plato de leche para obligarlo a beber”. La escena es esencialmente sobre quién controla a quién. De acuerdo con Phyllis Roth, “la principal preocupación [de la novela], como se demuestra en el comportamiento tanto de Mina como de Drácula en la escena primaria, es el papel de la mujer en el acto. Por lo tanto, no es de extrañar que la ansiedad central de la historia es el miedo a la mujer devoradora”. Esta es una experiencia horrible para Mina y aunque podría ser visto como una mujer “devoradora” que bebe la sangre de Drácula, ella no es la agresora ni la que tiene el control. El hecho de que su marido, Jonathan, se encuentre en un estado de estupor en el mismo cuarto cuando la escena se revela habla por sí solo. Jonathan no es capaz de proteger a Mina de Drácula y esto enfatiza el poder que Drácula sigue ejerciendo sobre él. Esto me lleva a la pregunta de cuánto de esta escena es acerca del control de Drácula sobre Jonathan, más que sobre Mina.
     La cuestión de los roles de género emerge de nuevo en la parte final de la novela. Los hombres parecen no ponerse de acuerdo en si deben permitir que Mina los ayude a perseguir a Drácula en el peligroso mundo exterior. En un principio están felices por su ayuda, después dicen que el trabajo que deben hacer es responsabilidad de los varones, desechando la ayuda debido a que sospechan que existe una relación telepática entre Mina y Drácula y, finalmente, no se arrepienten de marginarla de la cacería y de regresarla al redil. Considere las siguientes expresiones: Van Helsing afirma: “No es asunto de una mujer”; Jonathan concede: “Estoy tan contento de que ella haya dado su consentimiento para hacerlo y que dejara que nosotros, los hombres, hagamos el trabajo”, y reitera “Ella se ve más pálida que de costumbre… Estoy verdaderamente agradecido de que va a quedar fuera de nuestra tarea futura… Es un esfuerzo demasiado grande para que una mujer lo soporte. Yo no lo creía al principio, pero ahora sé que es lo mejor”; y Seward confirma: “Es mejor que la señora Harker esté fuera de esto. Las cosas son ya bastante malas para nosotros, para todos los hombres del mundo, que han estado en muchos lugares poco agradables, pero no es lugar para una mujer”. Mina se comporta de acuerdo con su lógica victoriana, aunque no sin cierta dificultad: “Sus mentes estaban confundidas y, aunque era una píldora amarga de tragar para mí, yo no pude decir nada, salvo aceptar su cuidado caballeresco de mí”. Sin embargo, más adelante expresará su molestia, aunque de una manera suave, diciéndole a Van Helsing: “Me pareció divertido escuchar darme órdenes, ¡como si yo fuera una niña mala!”. Por último, Van Helsing, el más enfático de los hombres en torno a la exclusión de Mina, dice: “Nuestra querida señora Mina es una vez más nuestra maestra”.

     La novela termina con una persecución, con el cuchillo de Jonathan rebanando la garganta de Drácula y Quincey atravesando el corazón del aristócrata. Esta no es la manera de matar a un vampiro. ¿Dónde está la estaca, la decapitación y el ajo como se vio cuando las vampiras fueron asesinadas? ¿Está realmente muerto Drácula? ¿Hay normas diferentes para las mujeres y los hombres? ¿Sobrevivió Drácula? ¿O es que Stoker tuvo un lapsus de memoria? Quincey muere como “un caballero galante”, y usando su último aliento dice que su muerte vale la pena si es para quitar la mancha de inmundicia, la quemadura de la ostia de Van Helsing, de la frente de Mina. Las palabras de Quincey y las últimas líneas resumen lo esencial de la novela: el propósito de los hombres era salvar a la buena Mina de la malignidad de Drácula, y, en consecuencia, rescatar a la mujer y a la ideología victorianas.
Traducción y edición: José Luis Durán King.