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lunes, 30 de mayo de 2016

POESÍA. "Contribución a la estadística". Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura (1923-2012)


Wislawa Szymborska

Contribución a la estadística
De cada cien personas, 
las que todo los saben mejor:
cincuenta y dos, 
las inseguras de cada paso:
casi todo el resto, 
las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve, 
las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco, 
las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho, 
las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete, 
las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas, 
las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro, 
las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente 
las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori, 
las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta, 
aunque quisiera equivocarme,
las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres, 
tarde o temprano,
las dignas de compasión:
noventa y nueve, 
las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.

Versión de Gerardo Beltrán

lunes, 16 de mayo de 2016

POESÍA. "Canción de otoño en primavera", de Rubén Darío (1867-1916)




CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
                                 A Gregorio Martínez Sierra

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro, 
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!

domingo, 24 de abril de 2016

NOTICIAS LITERARIAS. Sobre el poeta Eduardo García, "in memoriam"

Un hombre mira el mundo en sus poemas

La muerte, el pasado martes en Córdoba, de Eduardo García priva a la poesía española de una de sus voces más auténticas, la de un autor que lograba la identificación del lector con una obra honda y rigurosa
BRAULIO ORTIZ | ACTUALIZADO 24.04.2016 - 05:00
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El poeta Eduardo García, en una imagen de archivo1 voto
"Reivindico para la poesía, para el hombre y la mujer contemporáneos, los resortes emocionales del misterio", escribía Eduardo García (São Paulo, 1965 - Córdoba, 2016) en su ensayo Una poética del límite, editado por Pre-Textos hace ya una década. "A medida que dependemos -anotaba en ese trabajo- cada vez más de la tecnología y su mentalidad pragmática, que entroniza el dinero como máximo valor; según la oferta de la industria cultural se hace cada vez más superficial y niveladora a la baja; cuanto más parecen imponerse el individualismo y la incomunicación... más necesaria se revela la poesía. Necesitamos devolver la magia a nuestras vidas, de donde nunca debió haber sido expulsada". A esos propósitos, indagar en el misterio, devolver la magia, entablar comunicación con nuestro yo más íntimo y rastrear en lo que no sabemos -no escuchamos- de nosotros, consagró García una producción literaria extrañamente reveladora. "Vengo a hablar del insomne que enumera los sueños que no ven la luz del día, / de ese duende que brota de no sé sabe dónde, con destino a lo más insospechado", apuntó en Duermevela, el libro por el que se hizo con el Premio Ciudad de Melilla en 2014. Unos poemas antes, en ese mismo volumen, el poeta declaraba: "No hay reserva que valga, es preciso escribir con las manos / tendidas al vacío, como el ciego se interna en la espesura, / convocar a las sirenas y a los equilibristas, / desterrar a geómetras, jerarcas y contables". 

El autor registra el pulso de su tiempo, pero lo hace desde la luz de la inventiva, en esa adscripción al realismo visionario que defendía. "En la frontera entre realidad e imaginación, pensamiento consciente e inconsciente, brota el poema. Un espacio mítico, psicológico, donde habita una verdad", argumentaba. García se adentraba en la espesura del alma, en propuestas que no eludían el registro coloquial pero a menudo estaban cargadas de simbolismo, aunque su voz nunca resultara opaca o hermética, del mismo modo que su afán de trascendencia y su ambición formal -un estilo que su artífice sometía a una constante renovación- sabían sortear lo solemne. Bendecido por una inusual humanidad, el verso del poeta acababa siendo cristalino, esclarecedor. En Un hombre mira a otro en la ventana, el fragmento con el que arranca su libro No se trata de un juego, el creador describe el proceso de reconocimiento entre dos personajes, tal vez el poeta desdoblado, tal vez el poeta y el lector: "Un hombre mira a otro en la ventana. / Escribe unas palabras. No sospecha /-más allá de la sangre y los caballos / y el viento y la mujer y aquel latido- / que los trazos que araña en el papel / son los versos que el otro lee ahora". Esa escena representa en cierto modo la poética de Eduardo García: su obra siempre acaba llegando al otro, transmitiendo. Quien se acerca a sus páginas se siente reflejado y conmovido en ese corazón que encierra su penumbra -"a pleno sol camino, como todos: / acarreo mi propia oscuridad"-, en el individuo que se sabe un extraño y teme "este allanamiento indumentario, este ocupar las huellas de un desconocido", en ese amante que discierne en su pasión un tránsito a la sabiduría: "Conocí el huracán, la madreselva. / Conocí el ancho cielo interminable. / Conocí las espadas y el enigma, / la boca del dolor, la del deseo, / la súplica que anuncian los labios no besados, / qué tibio el corazón cuando se precipita. / Cuantas mujeres hay en este mundo / las conocí por ti. En ti dormían". La identidad, el amor, la existencia: en el legado que deja Eduardo García centellea, ante todo, el fuego de lo humano. 

La vida nueva, el poemario que le valió el Premio Nacional de la Crítica en 2009, pone de manifiesto esa capacidad de este cordobés de origen brasileño para propiciar el encuentro con sus lectores: uno termina sus páginas con la certeza de haber acompañado a un hombre en un viaje. Una travesía al interior, emocionante, serena. Un individuo al que contemplamos, al inicio, en la vulnerabilidad más absoluta, poseído por el hastío y el descontento. "Se ha instalado en mi vida la carcoma (...) Es una masa / turbulenta de herrumbre y asco y grasa / manchándome los pasos (...) Ha vencido por fin, no acepta tratos. / Quiere mi corazón en su salmuera". Pero el periplo que aguarda es el de un alumbramiento, un renacimiento. Como un jardinero que aparta las malas hierbas, García invoca en su libro a la fertilidad. "Absorto en el oficio de ser hombre / también yo ahueco tierra pecho adentro, / arranco las raíces, podo la vieja rama, / arrojo al fuego el miedo y la costumbre: / voy talando la muerte en mi camino / para aguardar el don, las aguas de la vida, / para que el tiempo siga cantando su canción". 


Ese hombre nuevo en el que ha prendido la esperanza se entrega a la utopía: será del mundo, de todo lo que nace. "Prometo abandonarme a las mareas, / incorporarme al caos, ser yo en la multitud, / y desde allí asomado prometo contemplar / tantas cosas que crecen y germinan". Una voluntad que se reafirmará en poemas sucesivos: "Para ser el hervor la levadura / y no el cemento gris que repta por los muros / pan crujiente en el horno del sol del mediodía fruta madura vértigo / y nunca más sedientos de imposible" será necesario "soñar despiertos siempre, / para no renunciar al entusiasmo, / y que el hombre no olvide su vocación de nube".

domingo, 10 de abril de 2016

POESÍA. "Ajeno", de Claudio Rodríguez (1934-1999)



Ajeno
Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

sábado, 2 de abril de 2016

POESÍA. "Letanía de nuestro señor don Quijote", de Rubén Darío (1867-1916)





LETANÍA DE NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE
                     A Navarro Ledesma

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Caballero errante de los caballeros,
varón de varones, príncipe de fieros,
par entre los pares, maestro, salud!
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
entre los aplausos o entre los desdenes,
y entre las coronas y los parabienes
y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,
a un enamorado de tu Clavileño,
y cuyo Pegaso relincha hacia ti;
escucha los versos de estas letanías,
hechas con las cosas de todos los días
y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
con el alma a tientas, con la fe perdida,
llenos de congojas y faltos de sol,
por advenedizas almas de manga ancha,
que ridiculizan el ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos
las mágicas rosas, los sublimes ramos
de laurel Pro nobis ora, gran señor.
¡Tiembla la floresta de laurel del mundo,
y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor!

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias, de horribles blasfemias
de las Academias,
¡líbranos, Señor!

De rudos malsines,
falsos paladines,
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia
su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia,
¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!

lunes, 28 de marzo de 2016

NOTICIAS LITERARIAS. Entrevista a Javier Fernández, ganador del último 'Premio Ricardo Molina" de poesía

Javier Fernández. Escritor y editor

"El escritor tiene que crear desde la ingenuidad"

El cordobés regresa al panorama poético con 'Canal', un libro sobre la muerte de su hermano con el que obtuvo el premio Ricardo Molina y que acaba de publicar Hiperión.
ALFREDO ASENSI | ACTUALIZADO 27.03.2016 - 09:20
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JAVIER Fernández publica Canal (Hiperión), el libro con el que ganó la última edición del premio Ricardo Molina, sobre la muerte de su hermano a comienzos de los años 70 y las repercusiones en el ámbito familiar. Editor, traductor y crítico además de escritor, Fernández es responsable junto a su mujer, Ana Belén Ramos, de la colección Letras Populares de la editorial Cátedra, y este año son asesores literarios de la Feria del Libro de Córdoba.

-Da la sensación de que es un libro que lleva escribiendo toda la vida, y que de alguna manera seguirá escribiéndolo o reescribiéndolo...

-No he pensado mucho en ello, pero ahora que lo dices sí pienso que con Canal culminan dos cosas. Por un lado, es verdad que la cuestión temática es un proceso abierto en mi literatura desde hace más de 20 años, y llevo todo este tiempo tratando de comprender lo que sucedió y cómo nos ha ido afectando esa ausencia. Por otra parte, culmina un proceso formal que va desde Casa abierta hasta ahora. Paco Lira, el editor de Casa abierta, decía de los poemas posteriores que le iba pasando que eran "una rotura", no decía "ruptura" sino "rotura", y Canal culmina ese proceso de la literatura como rotura: está la fragmentación, la elipsis, hay una separación de dos partes que podrían ser el hueso y el músculo… Y respecto a que vaya a seguir escribiéndolo, pienso que en parte sí. Hay cuestiones de la intimidad de mi familia que me gustaría seguir explorando.

-Un libro en el que no solo se trata de leer los poemas sino de verlos. El componente visual es importante: el libro nos mete en un canal...
-Para mí la poesía siempre ha tenido un componente visual muy fuerte. Aquí las cuestiones estéticas, formales del libro son más sutiles que en Casa abierta o en algunos inéditos que tengo, pero está ahí: el libro está montado como si fuera un largo canal, con márgenes anchos y texto estrecho, buscando que el texto recoja la tensión de una forma visual.

-¿Cómo es el proceso mediante el cual un suceso de esta naturaleza se convierte en motivo de creación literaria?

-Todo es muy relativo. Hay determinados sucesos que afectan al alma del poeta de una forma especial. Evidentemente, este es uno de ellos. Pero el tema no es tanto el hecho en sí, la muerte del hermano, sino cómo esa muerte se prolonga a lo largo del tiempo a través de la ausencia: la huella se hace muy permanente. Y esa ausencia te va forjando el carácter, influye en las relaciones dentro de la familia, se convierte en una obsesión. Y cualquier obsesión es susceptible de formar un motivo de la literatura.

-Aquí hay un sentido muy acusado de la contención, una falta total de retórica. Esto estimula la imaginación del lector.
-La desnudez y la falta de retórica son recursos muy interesante del arte contemporáneo; permiten al espectador sumarse a la obra, cubrir huecos, no verla como algo terminado y ajeno. Yo he trabajado mucho esta historia desde muchos puntos de vista. Empecé escribiéndola como un relato en prosa con un estilo muy desenfadado. Después intenté contarla en un poema con cierta retórica, mezclando elementos amorosos. Pero he tenido que descubrir que para ir a la verdad necesito un lenguaje directo y seco. Es el mismo proceso de secar el canal para descubrir el cadáver. Para conocer la evidencia necesitas secar el canal. A mí me sirve esta metáfora para explicar el proceso de secar el lenguaje, convertirlo en algo directo y comunicar esto que he llevado conmigo tanto tiempo. También es el tono que merece el tema: es una cuestión de respeto.

-Aquí están muy presentes su hermano, su familia… y usted. Hay una fuerte presencia del yo. ¿Cómo ha convivido con este canal?

-La tragedia forma parte de la vida de muchísimas personas y es algo que todos conocemos más cercana o lejanamente. Tenemos que convivir con ello a diario. En la infancia mis padres se preocuparon mucho de que a mi hermana y a mí no nos faltara nada, tuvimos una infancia muy normal, pero cuando llegan la adolescencia, la juventud, el escritor busca las grietas y encuentra ciertas fallas en su interior y las explora. Ahí es cuando empiezo a darme cuenta de que lo que yo consideraba normal en mi familia se había configurado a partir de una tragedia. Y desde entonces, digamos que desde que me convierto en escritor, he convivido con esto de una forma más consciente, tratando no de darle sentido, porque la tragedia nunca lo tiene, sino de averiguar en qué medida mi vida y la de mi familia estaban influidas por este hecho.

-Quien le conozca apreciará el hecho de que, siendo un enamorado tan declarado de los mundos fantásticos, la ciencia ficción…, ofrezca un poema tan intimista y personal.
-Pablo García Casado habla de hiperrealismo. El libro tiene una estructura que a lo mejor en una primera lectura puede pasar desapercibida porque el discurso sobre la tragedia es muy potente. Pero los textos están ordenados siguiendo una estructura bastante marcada y en la parte final el libro se abre a los sueños y las pesadillas, pasa de la realidad a la imaginación. En ese momento me niego a seguir ahondando. En mi literatura es verdad que tiendo a dejarlo todo a la imaginación. Aquí, por respeto a la figura de mi hermano, quise parar en ese punto. Al final es un juego literario, un juego necesario en la poesía contemporánea: hace falta crear un nuevo vehículo para la poesía. También de ahí el título.

-Un título que ofrece otra clave de lectura interesante. De la palabra canal se utiliza especialmente su acepción televisiva, y un canal de televisión es un espacio en el que pasan cosas reales que parecen ficciones y ficciones con apariencia de realidad...

-Así es. Ese juego sobre los límites de la realidad y la ficción está presente en Canal. A mí me parece muy interesante. Al final la literatura es su propia realidad. Aquí se explora la memoria desde un punto de vista fragmentario y llega un momento en el que el lector comprende que lo que se imagina, se recuerda, lo que pasó o no pasó forman parte de un mismo nivel.

-Parece pertinente la publicación de este libro en un momento en el que estamos tan acostumbrados a ver exhibiciones de intimidad en la Red de una manera tan frívola y banal…
-Tan burda. Sí, estamos en un momento de exhibicionismo. En mi caso, este proceso empezó hace más de 20 años, tenía necesidad de expresar esto y es verdad que coincide en un momento en el que el exhibicionismo puede ser considerado hasta un género literario.

-¿Cómo está siendo la experiencia de la Feria del Libro?

-Aplico se puso en contacto con nosotros y nos dijo que quería darle otro perfil a la feria. Ana se ha ocupado de la parte infantil y yo del programa general. La feria cumple 43 años, es probablemente el acontecimiento cultural más longevo de la ciudad y hay mucha experiencia alrededor de ella. La Feria del Libro no es solo una feria de venta de libros, es un acontecimiento cultural y nosotros nos hemos centrado en eso, en que no sea una sucesión de presentaciones de libros sin más sino que haya una interacción con el público, que haya mesas redondas, talleres…, ampliar la labor cultural en este aspecto. Lo hacemos entre todos, los libreros, el Ayuntamiento y otras instituciones. Nosotros hemos intentado asesorar y llevar la feria a donde nos interesa como artistas y lectores. 

-Letras Populares ha tenido un impacto muy positivo en el mundo literario...
-Es magnífica la oportunidad de sacar libros en Cátedra, a nuestro gusto, y que sean estos libros de literatura popular que hasta hace poco estaban considerados subcultura. El balance es muy positivo, tanto los lectores como los críticos y la editorial están contentos con el producto. Y nosotros también. Son ediciones muy cuidadas y estamos sacando los títulos que nos gustan. Queremos seguir disfrutando de esta fiesta de la literatura popular, rescatando clásicos, hacer apuestas… Aunque vivimos un momento en el que las  apuestas son complicadas: las tiradas han disminuido, las novedades han aumentado hasta un nivel increíble... Hay que seleccionar muy bien los títulos. Es difícil que con todo este ruido los libros más arriesgados encuentren su lugar.

-¿Hacia dónde va el mundo editorial? ¿Inevitablemente hacia el dominio absoluto de los grandes grupos?
-Hay un paradigma antiguo que subsiste, el del papel y los canales de distribución habituales, que están en manos de grandes grupos que siguen intentando apoderarse de todo. Pero frente a esto han surgido muchos francotiradores, editoriales pequeñas que en algunos casos van creciendo y teniendo éxito, y se sostienen. Esta resistencia va a ir en aumento. Hay una sensibilidad en libreros y lectores que demanda otras cosas frente al pensamiento dominante. E Internet es un soporte increíble para la distribución y la difusión de mensajes. No hay que tener preocupación: yo veo el futuro luminoso.

-Muchos lectores se acuerdan de Plurabelle, de Berenice en su primera etapa… ¿Se plantea recuperar alguno de estos proyectos o empezar otro de similar naturaleza?

-Yo también echo de menos algunas cosas de Plurabelle y Berenice, pero estoy muy centrado en la creación. Yo soy básicamente escritor, me gustaría acabar una novela y publicarla pronto, tengo un ensayo sobre superhéroes atrancado desde hace tiempo… El tiempo que dedicas a editar se lo restas a la creación. Y además la postura mental del editor es opuesta a la del escritor. El escritor tiene que crear desde la ingenuidad, desde la inocencia, desde la libertad absoluta, y el editor pone límites: el mercado, la realidad que te rodea… Quizá en el futuro nos apetezca hacer algo, pero de momento con Letras Populares esa parte está más que cubierta.

-Desde esos años de Plurabelle, a comienzos de la pasada década, ¿han cambiado en algo las dinámicas culturales de esta ciudad? 
-Hace 15 años había una ilusión en Córdoba que ahora mismo quizá no haya, aunque estoy notando ciertos brotes de gente que viene empujando con ganas de hacer cosas. Hace 15 años nos encontrábamos como en un momento histórico en Córdoba, se había dado una confluencia especial, pero decayó. Yo ahora, después de haberme ido a México y de volver, encuentro una Córdoba un poco silenciosa, más callada que aquella otra y más descreída. Pero si ampliamos el enfoque a lo mejor nos damos cuenta de que esta ciudad ha sido siempre así. Las oportunidades siguen estando ahí y hay gente con ganas de hacer cosas, y han quedado huellas de ese momento.

-¿Ha visto ya Batman v. Superman?

-Aún no, pero la veré.

-¿Qué espera?

-Lo peor.

viernes, 25 de marzo de 2016

POESÍA. "Sonatina", de Rubén Darío (1867-1916)



SONATINA

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa  de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

domingo, 20 de marzo de 2016

POESÍA. "De invierno", de Rubén Darío (1867-1916)



DE INVIERNO

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

martes, 8 de marzo de 2016

POESÍA. "Libre te quiero". Agustín García Calvo (1926-2012). MÚSICA. El poema, en la voz de Amancio Prada




Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.


Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.


Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.


Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.


Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.


Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.


   Poema interpretado por Amancio Prada:
https://www.youtube.com/watch?v=pRYmkGwCkK0

POESÍA. "Hombres necios que acusáis". Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695)




Hombres necios que acusáis

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual 
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego con gravedad 
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco 
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia. 

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga 
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo 
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

POESÍA. "Reglas de juego para los hombres que quieran amar a las mujeres". Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)




REGLAS DE JUEGO PARA LOS HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A LAS MUJERES


I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.


II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.


III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.


IV 
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.


V
El hombre que me ame 
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.


VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.


VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.


VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera,
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.


IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.


X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.


XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.